En un mundo donde la esperanza era un lujo, el nombre de Fernan Caesar, el invicto señor del Norte, brilló como un faro para la joven Julia. Él, el hombre perfecto en cada recuerdo de su desdichada infancia, se convirtió en la promesa de un amor que desafiaría al destino. Cuando el destino los unió en matrimonio, Julia creyó, por primera vez, en la existencia de un Dios benevolente. Pero el hombre que regresó de la guerra era una sombra gélida de aquel sueño. Sus palabras, cuchillos helados, perforaban el alma: ‘Haz lo que quieras… Sin embargo, no quiero verte por la mañana’. El afecto de antaño se había disuelto en una indiferencia cruel, en una frialdad que no permitía ni una pizca de calidez. ‘Tu corazón no me sirve de nada’, sentenció, sellando el destino de Julia en una prisión de hielo. Amarlo, a pesar de todo, fue su error más doloroso. Ahora, al borde de un acantilado, con el viento susurrando promesas de libertad, Julia graba por última vez el rostro de quien fue su mundo entero. Si no era ahora, nunca escaparía de las cadenas invisibles de un amor no correspondido. Ya no quería estar atada a él, a la ilusión de un pasado que se desvaneció. ‘¡Julia!’, el grito desesperado de él, una súplica tardía, se pierde en el eco de su decisión inquebrantable. Con el corazón roto pero el espíritu decidido, susurró al vacío: ‘Desapareceré, Su Alteza’. ¿Es este el fin de su tormento o el inicio de una nueva y peligrosa libertad? Sumérgete en el primer capítulo y descubre el desgarrador inicio de esta historia que te atrapará sin remedio.
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