El último aliento de Hasolan se disolvió en el frío abrazo de la seda, un eco amargo de catorce años de devoción incondicional. Su corazón, entregado por completo al imponente Akelans, el Emperador Dragón Negro, solo conoció el desprecio y el abandono. ¿Qué valor tenía una vida consumida por un amor no correspondido, por una lealtad que solo cosechó miseria? Así, buscó el final, un escape de su cruel realidad. Pero el destino, caprichoso y despiadado, se negó a concederle la paz. Al abrir los ojos, el tiempo se había plegado, arrastrándola de vuelta al día fatídico, a la carreta que la conducía hacia la cueva donde conoció a su verdugo. Una y otra vez, la misma escena, el mismo encuentro, una condena eterna a revivir el inicio de su tragedia. ¿Era esta una burla divina o una segunda oportunidad envuelta en velos de misterio? Sin embargo, algo ha cambiado. El Akelans que ahora la mira no es el tirano gélido de sus recuerdos. Sus ojos dorados, antes fríos como el invierno, arden con una intensidad desconocida, una promesa velada. “Tú eres mi consorte”, susurra con una voz que estremece su alma. “Si no lo deseas, no seré emperador”. ¿Es este un nuevo engaño, una ilusión cruel, o el amor que creyó perdido para siempre ha renacido de las cenizas de su desesperación? ¿Podrá Hasolan confiar en este nuevo Akelans, o está condenada a repetir su tragedia una y otra vez? Atrévete a desvelar los hilos invisibles de un amor condenado a repetirse. Sumérgete en el primer capítulo y descubre si el destino puede reescribirse.
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