El eco de una risa ajena, un susurro prohibido, rompió la burbuja de cristal que era la vida de Rosa. En un instante, su mundo perfecto se hizo añicos, revelando una verdad cruda: la figura de su madre, entrelazada con un joven que, según le dijeron, sería su nuevo padrastro. Un intruso, apenas dos años mayor que ella, destinado a profanar su hogar y su corazón. Cada rasgo de su rostro, cada inflexión de su voz, esa sonrisa que danzaba al borde del abismo… todo en él era una afrenta insoportable. Rosa lo odiaba con una pasión fría, tejiendo una red de crueldad y desprecio que buscaba despojarlo de su esencia, de su paz. Hasta que un día, en la fragilidad de una lágrima furtiva, el velo se rasgó. No era repulsión lo que sentía, sino una verdad mucho más oscura y devastadora: lo detestaba porque, en lo más profundo de su ser, lo anhelaba con una desesperación que la consumía. Porque jamás podría ser suyo. Porque Rosa, en su esencia más retorcida, posee un hábito tan peligroso como el fuego: aniquilar todo aquello que su alma no puede poseer. ¿Se atreverá Rosa a jugar con el fuego de su propio deseo, o sucumbirá a la oscuridad que la consume? Sumérgete en el primer capítulo y déjate seducir por un amor prohibido que desafía toda lógica.
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