Cheonghwa, quien desde pequeña sentía una gran curiosidad por las estrellas, se escapa de casa y se convierte en alumna de Haeseok, un astrónomo. Tras enamorarse de Haeseok durante el tiempo que pasan juntos, Cheonghwa le confiesa su amor, pero Haeseok la ignora fríamente. “Al menos dame una respuesta…”, le dice. Herida, Cheonghwa sube al tejado con un perro del vecindario esa noche para contemplar las estrellas y desahogar su frustración. “Ojalá fuera un perro para que me quisiera a mí”. En ese preciso instante, como si las estrellas la hubieran escuchado, ¡brillan!
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